Cuadro de Omar Ortiz
Lucía se recostó sobre la cama dejando al descubierto
entre las sábanas de raso, sus piernas. Se colocó en la postura perfecta para
incitarle a jugar. Hoy había tenido un día morboso en el trabajo y le apetecía
hacerlo realidad.
─ ¿Cómo me esperarás?─ le susurraba él al otro lado
del teléfono.
─ ¿cómo quieres que te espere?
─ Desnuda.─ contestó él.
─ ¿Dónde?
─ Eso… elígelo tú.
Escogió el dormitorio, la cama vestida de pétalos
rosas entre el color blanco de las sábanas. Perfumó toda la estancia y colocó delicadamente
velas como señal del camino al destino. Una luz tenue, y música suave. Se había
recreado en un baño aromático que le dejó la piel aterciopelada y suave para
abrirle los sentidos a su presa. Se
acariciaba lentamente, húmeda, mojada por dentro y por fuera, recorría su
cuerpo imaginado sus manos. Sus curvas, sus pechos erectos. Manoseaba sus
muslos acercándose a su sexo. Cada vez más inundado. Un escalofrío le vacío por
dentro, se curvó al completo de tanto gusto. Se humedecía los labios al paso de
su lengua. Reposó en el agua unos minutos. Se secó con la sutileza de una dama
elegante, y completamente desnuda se
dirigió a la habitación. Sus curvas danzaban vertiginosamente y sus pechos aún
erectos invitaban al deseo de vivir el placer, otra vez.
Esperaba, sosegada en su lecho, escuchando su canción
preferida cuando lo escuchó entrar.
─ Cariño, ¿puedes guiarme?, no sé dónde estás…
─ Estoy aquí, mi cuerpo te espera…solo a ti.
─ Sigue, no calles, quiero sentir tu voz.
─ Te espero desnuda, mi piel aguarda por ti, mis labios te llaman…ven,
bésame.
─ Voy acercándome, me excita escucharte…
Mientras, él se desnudaba, despojando sus ropas y
dejándolas por el camino. Se excitaba al escucharla, sólo de pensar que le
esperaba desnuda, ansiosa por tenerlo. Siguió el rastro de velas colocadas
sutilmente en línea hasta llegar al final. Entró en la habitación lentamente.
El cruce de sus miradas deseosas de sexo colmó la espera y se desató en un
juego de besos. Él avanzaba a besarla, ella se retiraba, luego, se encontraban
y se comían los labios. Sus lenguas húmedas se retorcían y degustaban. Se
mordían. Las uñas se clavaban en el trasero de él, un culo perfectamente
endurecido, redondo. Sus piernas le rodeaban y la piel que pedía a gritos
“cómeme”.
Bebía de sus pechos, codicioso. Saboreaba cada recodo
de su cuerpo. Cada curva, cada peca, cada marca de distinción de ella, fue
entonces cuando Lucía se giró. Detrás los besos.
Deslizó su boca suavemente en su miembro, jugando al
placer. El ritmo cálido y su delicadeza hacían que el gozo aumentara por
segundos. Gemidos. Voces acordes al movimiento. Un grito. Besos. Caricias que
rompían el momento. Éxtasis. Fuerza y presión. Abrazos, estrujando el sudor en
sus manos, la penetró. Lujuria. Pasión. Una y otra vez…
Besos ardientes al baile unísono de los dos.
Agotaron las fuerzas en el placer erótico de hacer el
amor. Se miraron a los ojos y la complicidad los unió a repetir de forma
diferente, otra fantasía, otro lugar…
Sensaciones,










